Ayúdales a crecer, técnicas pedagógicas para jugar con tu bebé

Los padres deben ayudar al niño a descubrir el mundo y a independizarse. Esta educación comienza con la transmisión de amor, aceptación, con alimento, cuidado y protección, transmitiéndole, en definitiva la certeza de que es aceptado, que tiene su lugar, y quienes lo amen. El cuidado se expresará, además, atendiendo sus necesidades, calmando su hambre, cambiando sus ropas húmedas, manteniéndolo limpio y respondiendo a su llanto. Toda esta certeza de amor irá construyendo la base de su confianza en si mismo. Paso a paso, el hijo debe desprenderse de los lazos de unión que le vinculan a los padres. Pasar de la adhesión al acompañamiento. Y este proceso de crecer debe intentar conseguirse siguiendo un camino feliz en el que tiene mucho que ver el juego. Lo que sí es importante es tener en cuenta que en la formación de los niños no tiene cabida el dicho popular de “nunca es tarde…”. La educación de un niño comienza desde el primer día, y condiciona su forma de ser para cuando el niño sea adulto. Es muy habitual escuchar de los padres la queja de que el niño está enmadrado y todo el tiempo pegado a ellos. Y tras ella se reconocen niños cuyo crecimiento no ha sido impulsado desde el principio. Pueden haber sido bien alimentados, estimulados con lecturas, juegos educativos y salidas a espectáculos, pero no han sido acompañados en su camino hacia la libertad. Ser independiente es un aprendizaje que requiere que los padres, desde el primer dia, ayuden a sus hijos a separarse de su oportuno y cálido abrazo protector para descubrir el mundo y socializarse. Crecer significa apartarse de la seguridad que dan los padres, y ubicar, en su lugar, las propias iniciativas; por ejemplo: ir tras el balón y cogerlo en vez de sentarse a llorar reclamando la ayuda de los adultos. El adulto, guía de este proceso, debe propiciar actividades que ayuden al niño a alcanzar su autonomía, teniendo en cuenta que hasta en los actos aparentemente más ingenuos (cuando el niño arrastra una silla para apañarse en sus primeros pasos, o come solo, o trae algo que se le pidió) hay rasgos de iniciativa personal que deben ser favorecidos y estimulados porque así se acompaña el desarrollo;por eso es importante que cualquier intento de independencia sea reconocido y celebrado. El niño va cumpliendo así con las etapas necesarias para la maduración de su conducta: se aprende poco a poco y para siempre. El proceso de maduración que conduce a la independencia es gradual. Algunos días se avanza y otros se retrocede. Sin embargo, existen regresiones que implican un retorno a conductas mucho más primitivas; por ejemplo, en los niños con falta de estimulación para la libertad. Estos niños no pueden salvar los obstáculos que la vida les ofrece, no pueden hacer frente a las dificultades sin la ayuda de un adulto. Una situación que permite evaluar con claridad el grado de autonomía de un niño lo constituye el primer día de clase. Un niño que siempre éstuvo junto a sus padres afrontará esa soledad repentina y plagada de deberes con una angustia tal que intentará huir de esa realidad refugiándose en conductas anteriores. Querrán volver a ser pequeños para que les protejan. Estas conductas regresivas, que no son deliberadas ni buscadas, pueden abarcar desde chuparse el dedo hasta volver a mojarse en la o no desprenderse de los padres ni para dormir. Aprender jugando Los primeros meses de vida representan un tiempo excelente para estimular cada capacidad en potencia, básicamente su natural deseo de aprender y saber. Tan sólo aprovechando cada momento de la realidad cotidiana se puede acompañar la evolución del bebé estimulando sus capacidades naturales. Estimular tempranamente es jugar con el bebé durante cada momento: cuando se lo amamanta, se lo baña, se le cambia la , o se lo acuna, actividades para las que sólo se necesitará mucho amor, sonidos suaves, , abrazos, besos, , masajes, contacto, olores y sabores. Al amamantarlo procura no hablar con nadie, ni mirar televisión. Usa ese momento para mirarlo-verás que tu bebé no te quita los  de encima-acariciar sus piecitos, manitos, la cabecita. El alimento sin  no alimenta. Los 2 primeros meses te darán menos posibilidades de realizar actividades con tu bebé; pero no menos resultados. Estimula sus reflejos naturales; apenas rozándole la planta de los pies, toma su mano que se cerrará alrededor de la tuya con su reflejo de prensión. Dale masajes desde el comienzo de su vida, basta con el deseo de acariciarlo. Si quieres puedes sentarte en la cama con tus  extendidas y recostarlo sobre ellas mientras le haces masajes. Si haces Shantala mejor aún. Puedes hacerle escuchar sonidos muy suaves: tu voz al cantarle, un triángulo, cajas de  infantiles. Puedes jugar con tu bebé, pueden hacer gimnasia extendiendo y recogiendo sus piernitas. No sólo estás favoreciéndolo muscularmente sino que estarás aliviando sus cólicos de los 3 primeros meses de vida, porque ese movimiento favorece la expulsión de gases. Para fortalecer la tonicidad de sus músculos también pueden jugar a cruzar y descruzar sus bracitos sobre su pecho. Todo sin la menor brusquedad. Para colaborar con su posibilidad de sostener la cabecita puedes hacerle seguir algún juguete vistoso, con la mirada, juguete que subirás y bajarás muy lentamente. En la cuna aproximadamente desde los 6 o 7 meses se le tapa la cara, sólo por un segundo con la sábana al tiempo que se le pregunta: ¿Dónde está el bebé? Se lo destapa y se celebra el reencuentro. Jugar a las escondidas es un excelente ejercicio. Los bebés necesitan experimentar que aquello que desaparece vuelve. Esto está ligado, básicamente, al miedo que le produce no ver a su madre por un instante. Un poquito más adelante se puede pronunciar una sílaba e invitarlo a que la repita: las más simples son MA y PA. Si el bebé produce sonidos por iniciativa propia es recomendable imitarlo. Estarán comenzando a conversar. Tener un juguete colgante, sobre su cuna, sin nada que lo lastime, con colores, sonidos si es posible, a su alcance, algún juguete que tenga sonido, pelotas de colores, son algunas de las posibilidades. A medida que el bebé crezca lo sigues acompañando con actividades cotidianas, contarle cuentos mientras come, mecerlo en el agua durante el baño, acercarle el chupete y esperar que abra la boca para dárselo, más adelante esperar que extienda su mano para alcanzarlo. Que aprenda a pedir lo que desea y que tenga la oportunidad de desear. Jugar esperando sus respuestas sin presionarlo para que lo haga. El bebé aprende que se respetan sus tiempos y lo disfruta. De a poco irás creando tu propia rutina de acuerdo a los gustos de tu bebé. Crecer es un camino feliz, importantísimo, para el niño y el grupo familiar, y se puede lograr jugando. Estos son algunos ejemplos. Cuando el bebé tiene entre seis y ocho meses, podemos jugar a ocultar nuestra preguntándole: “¿Dónde estoy?”, y al instante, reaparecer y gritar: “¡Aquí estoy!”. Le enseñamos así la reversibilidad. Perdemos de vista no conlleva el riesgo de perdernos para siempre. Cuando comienza a deambular, realizamos el mismo juego, pero ocultándonos. Él nos busca, gateando, e inmediatamente nos recupera. Luego le proponemos que se esconda, y nosotros tardaremos un poco en encontrarle. Le enseñamos que su ausencia no nos angustia, pero que nos alegra mucho reencontrarle. Propicie actividades paralelas a las suyas para ayudarle a despegar. Si él quiere estar junto a usted mientras usted realiza alguna actividad, propóngale que le ayude a algo, o que vaya eligiendo un libro para leer el cuento más tarde, o que encienda la tele (si sabe), o algo que usted sepa que le agrada. Compartan los tiempos, no siempre los espacios. Acostúmbrele a encontrar placeres sin tener que estar presente. Ideas practicas:

  • El adulto debe propiciar actividades que estimulen la autonomia de los niños. Acciones como peinarse o recoger un vaso constituyen logros importantísimos para los niños.
  • Proponer a los niños pequeñas tareas de dificultad creciente. Les genera confianza.
  • Algunas actividades que se les pueden encomendar a partir de los.18.meses son :ayudar a poner la mesa, guardar sus juguetes, regar las plantas y vestirse o desvestirse como pueda..
  • Ayúdele a interrelacionarse:déjele jugar en el parque con otros niños. sin la participación de los mayores. Si van con ellos a la compra, pídanles que cojan solos algunas cosas o que ayuden a entregar la compra a la cajera. Favorezca su asistencia a cumpleaños y a casas de amigos o familiares.

Invite a sus amigos a .

  • Si usted sale, infórmele de cuando regresa y utilice para ello datos de su propia realidad: “Regresaré cuando vuelvas del parque, cuando tu profesora te pone el abrigo…”.
  • La confianza en los padres les ayuda a crecer sín miedo a perder el amor, a quedarse solos.
  • La escolarización temprana (alrededor de los tres años es excelente si, desde siempre, la educación familiar tiende hacia la autonomia. Un buen maestro es un gran aliado en el camino de crecer.
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