Claves para no aburrir a un hombre ¡Son como niños!

Se evaden fácilmente, no les gusta que les riñan, necesitan estar siempre distraídos, viven inmersos en su pequeño mundo… No. No hablamos de los hijos sino de los novios. Si no quieres que la rutina y el aburrimiento se apoderen de vuestra relación ¡Atenta a estos consejos!

Lo que para ti es pura diversión para ellos es una tortura sin fin. Ellos suelen ir directos a por lo que les interesa, por eso no entenderá tu afán por probarte media tienda y te dirá que todo te queda bien para huir lo antes posible. Si lo sacas de paso, mejor que sea en un centro comercial donde se pueda escapar hacia la zona de deportes o electrónica.

Tenemos que admitir que hemos heredado de nuestras madres esa tendencia a sermonear por todo o a montar un drama por nimiedades: que si ha llegado tarde, que si se le olvidó llamar, que si trabaja demasiado… ¡Así puedes agotar su paciencia! (Y la de cualquiera)

Es fácil acostumbrarse a que él lo decida todo pero, si quieres sorprenderlo ¡toma la iniciativa! Romper la rutina de vez en cuando ya sea con un plan divertido, un nuevo juego en la cama, o una receta exótica dará más vida a vuestra relación.

Tal vez tu quisieras estar las 24 horas pegada a él como una lapa, pero el prefiere quedar con sus amigos o relajarse escuchando música solo. ¿Significa eso que no te quiere tanto como tú a él? No, el problema está en que has permitido que toda tu vida gire alrededor de él. Un poco de independencia no significa que lo quieras menos. No te anules y, de paso, déjale respirar.

A veces no ocurren cosas tan extraordinarias como para dejar deslumbrada a nuestra pareja con la anécdota pero tampoco hace falta eso para que la comunicación fluya entre vosotros. Piensa que cualquier tema cotidiano aderezado con un poco de cariño y seducción deja de ser aburrido. Por ejemplo, puedes preguntarle qué comió y sugerirle un lugar donde ese menú está especialmente bueno para ir juntos, o simplemente abrazarlo y preguntarle si te echo de menos en el trabajo.

Tal vez te inquiete demasiado no saber qué pasa por su cabeza, pero tienes que asumir que no lo puedes controlar todo ni preguntar cada dos segundos ¿En qué piensas? o ¿Qué te pasa? Esa no es la manera más sutil de hacer que se abra a ti.

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