¿Por qué somos infieles?

La mayoría de las parejas considera que si se ama verdaderamente siempre se es fiel, por otro lado, la fidelidad sexual es valorada muy positivamente a la hora de decidir mantener una relación estable.Sin embargo: ¿Quién no ha sentido el temor de ser traicionado por su pareja? ¿Quién no se ha visto tentado por una relación extra pareja?En su libro La pareja rota, Luis Rojas Marcos, hace referencia a un estudio de la antropóloga Laura Betzingen sobre 160 poblaciones, en el que se afirma que la infidelidad, sobre todo la cometida por la mujer, es la causa más definitiva y frecuente de ruptura del matrimonio

.A pesar de que las relaciones extramaritales se condenan y la fidelidad se considera un ingrediente indispensable de la vida en común, en el 72 por ciento de las 56 sociedades más importantes, los escarceos y deslices sexuales son frecuentes. Según un estudio realizado a principios de los noventa por el Instituto Kinsey de investigación sobre el sexo, el 37% de los hombres casados y el 29% de las mujeres de Estados Unidos habían tenido relaciones sexuales fuera del matrimonio, aventuras que se daban incluso en personas que aseguraban tener una relación estable y feliz.
Sin embargo es muy difícil

 saber a ciencia cierta cuál es la incidencia de la infidelidad. Muy pocos son los que se atreven a confesar ese “pecado”. Los alumnos del Master de Sexología y Psicoterapia Integradora que se imparte en el Instituto Espill, en un debate sobre infidelidad, la gran mayoría manifestaron que no se deberían tener relaciones extra pareja y que en el caso de que se tuvieran se le debería contar la infidelidad a la pareja. Ningún alumno/a fue capaz de defender en el debate esta conducta. Sin embargo, sus respuestas a unas preguntas anónimas diferían mucho de su postura ante el grupo. Ante la creencia de que la infidelidad es propiamente masculina cabe señalar que eran mujeres la mayoría de los alumnos. El 75% reconocía haber tenido alguna relación sexual extra pareja y además nadie se lo confió a su compañero. Lo que demostraba claramente que una era la respuesta acorde con la deseabilidad social y otra muy distinta la conducta. Todos estaban de acuerdo en censurar la infidelidad, pero un porcentaje muy alto de ellas/ellos la habían vivido.¿Somos infieles por naturaleza?En lo más profundo de los deslices sexuales estaría el instinto reproductivo que cualquier ser lleva dentro. Básicamente, esta teoría viene a decir que a más contactos sexuales mayor éxito reproductor, así como más hijos que heredarán esa carga genética de promiscuidad. Una propuesta un poco simple cuando hacemos uso de una profusión de métodos anticonceptivos.

El adulterio femenino más castigado

El temor a los cuernos siempre ha sido una pesadilla masculina y socialmente siempre ha estado más censurada la infidelidad femenina que la masculina. El embarazo hace, sin duda, mas duraderas las consecuencias de una infidelidad. De esta forma el hombre podría criar e incluso convertir en herederos a hijos de otro hombre. ¿Tiene esto que ver con la pervivencia de los genes?

El interés por la novedad

Existen personas que valoran especialmente la conquista, para los que el terreno conquistado deja de tener valor y sienten la necesidad imperiosa de una nueva conquista. En ellas prevalece la búsqueda de aventura y la excitación de la conquista sobre la estabilidad que aporta un proyecto en común; de ahí que cuando cae la pasión que acompaña a las primeras fases del enamoramiento, la relación ya no les interese. Hay personas que buscan la novedad de forma compulsiva, en ocasiones esta conducta esconde un miedo a la intimidad.

Vida sexual pobre

Las relaciones sexuales son un ingrediente muy importante para muchas personas y cuando en su vida en pareja disminuye el interés sexual, el efecto puede ser devastador. En ocasiones estas personas mantienen relaciones extra pareja y según ellas estas relaciones les ayudan a mantener su vida en pareja al compensar su interés sexual.

El distanciamiento

Muchas parejas, cuando formalizan su relación consideran que ya esta todo hecho y que su pareja les pertenece por lo que no tienen que cuidar la relación, si antes eran atentos/as y cariñosos/as ahora hacen realidad el dicho “la confianza da asco” y confunden la confianza con las descortesía. Por otro lado hoy en día existe una gran cantidad de estímulos: hombres y mujeres se relacionan en el trabajo, conviven en un ambiente cordial con cierta intimidad que les permite pasar tiempo juntos y buscar “consuelo” si su compañera se ha convertido en un “bruja desaliñada” o el marido se ha convertido en un “ogro gruñón”.

Crece la esperanza de vida

Hace doscientos años, muchas mujeres morían jóvenes a consecuencia del parto y la mortandad de los hombres también era mucho mayor. Contando con una esperanza de vida de 80 años, si una pareja se conoce y se enamora a los 23 años y permanece fiel durante toda su vida, pasarán 57 años teniendo relaciones el uno con el otro. ¿Es demasiado tiempo para mantener viva la llama de la pasión? ¿El deseo requiere pasión? ¿Puede conducirnos este aumento de la esperanza de vida a una mayor infidelidad?

Sentirse joven y atractivo/a

Una aventura amorosa puede significar demostrarse a sí mismos/as que todavía son jóvenes, y así sentirse más atractivos/as. En estas personas prevalece más ese sentimiento que el riesgo de poner en peligro una situación estable. En el hombre estas circunstancias se suelen dar alrededor de los cuarenta años, edad en la que busca revivir emociones de la juventud. En la mujer, por su parte, esta necesidad se manifiesta antes de la menopausia, sobre todo si percibe que hay un cierto desgaste de la relación y necesita volverse a sentir guapa, atractiva y que despierta apetito sexual.

¿Por qué no somos infieles?

En esta época en que la esperanza de vida es mayor, contamos con métodos anticonceptivos eficaces y para cada vez mayor número de personas las consideraciones morales tradicionales tienen menos fuerza, cabría preguntarse por qué vivimos en pareja y nos exigimos fidelidad. Por qué renunciamos a ampliar nuestra vida sexual y nos limitamos a compartir nuestra cama con una persona. Sin duda, el amor romántico tiene mucho que decir aquí, el sentimiento de pertenencia, de complicidad, de exclusividad, el sentirse especial y único/a, la intensidad emocional de esos sentimientos seguramente compensa la renuncia a encuentros sexuales en los que además se puede correr el riesgo de enamorarse y no estamos para tantas emociones, con un una vida regularizada, un trabajo regularizado y una hipoteca que pagar.

 

 

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    • armodia
    • 25/03/09

    quiero decir que es completamente cierto, cuando la pareja empiesa a perder el interes sexual, o cuando deja de darle esas peque;as muestras de amor y de cari;o que antes del matrimonio eran frecuentes, nosotros los seres humanos deceamos encontrar fuera lo que ya no tenemos en casa, pero por miedo a la inestabilidad y por que nos acostumbramos a tener una relacion sin muchos traspies, mantenemos esa relacion, aunque ya esta persona no nos atraiga de la misma manera.

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