Educando: Cómo vencer el acoso laboral

Se dice que el trabajo es un castigo divino. Probablemente no sea así pero, desde luego, no es ninguna bendición. Madrugar todos los días, soportar la presión de sacar las tareas adelante y, en ocasiones, aguantar a clientes o jefes pesados no es precisamente divertido. No obstante, como no queda otro remedio, hay que sobrellevarlo. Lo que no sólo no tenemos que soportar, sino que no debemos tolerar, es que por ende nos hagan la vida imposible en él.

Nos referimos al “mobbing” o, por decirlo en castellano, el acoso laboral en el trabajo. Consiste éste en una situación continuada de violencia moral –o, incluso física- hacia nuestra persona por parte de algunos o todos los compañeros o jefes de trabajo: nos obligan a realizar tareas que están por debajo de nuestro cargo, nos critican constantemente, nos insultan, se nos hace el vacío, etc. Y no queremos olvidarnos del que se produce en la escuela, si cabe todavía más cruel por tratarse de niños.

Aunque no lo parezca, es ésta una situación muy frecuente –los estudios apuntan a que lo padece el quince por ciento de las personas en activo-, lo que sucede es que no suele denunciarse por miedo a ser despedidos y porque no es fácil de demostrar. Y es un problema muy grave, hasta el punto que se considera que entre el diez y el veinte por ciento de los suicidios en adultos que trabajan se puede deber al “mobbing”.

No obstante hay que precisar que no toda situación de mal ambiente laboral es acoso. Tiene que haber una víctima definida. Si, por ejemplo, la empresa está atravesando una situación delicada económicamente, es hasta cierto punto normal que los empleados estén nerviosos y las relaciones con ellos sean poco agradables.

Sea como fuere, todos debemos luchar contra el “mobbing” –seamos víctimas de él o no- y, para ello, existen una serie de actuaciones que podemos llevar a cabo. Entre éstas, podemos citar las siguientes: publicitar y dar difusión a la existencia del fenómeno, es decir, sensibilizar; obligar a los poderes públicos a legislar duramente contra él; exigir a sindicatos y médicos laborales un mayor compromiso contra  el acoso; Apoyar inmediatamente a la víctima, tanto psicológica como legalmente; Denunciar judicialmente al acosador –sea jefe o compañero-; y solidarizarnos, esto es, si en nuestro trabajo vemos algún caso, ponernos inmediatamente del lado de la víctima de acoso laboral.

Ya es bastante duro ir a trabajar todos los días como para que, encima, algún listillo nos lo haga más complicado.

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