Cine para ciegos

 

Unos cuatrocientos mil españoles no pueden disfrutar del cine o el teatro por una sola razón: ser parcial o totalmente ciegos. La integración de este colectivo en el mercado del ocio sigue siendo una asignatura pendiente de exhibidores e instituciones públicas, pero esta marginación comienza a atajarse.

Un ciego no quiere que le expliques la película, sino que le aportes los datos que precisa para entenderla”

Aunque no lo parezca, lograr que un ciego “vea” una película no es complicado. Inventada en 1974 por el estadounidense Gregory Frazier (a quien se le ocurrió viendo Solo ante el peligro junto a un amigo ciego), la audiodescripción detalla la parte visual -gestos, paisajes o vestuario- de una película aprovechando los ‘huecos’ entre los diálogos y la banda sonora. A través de unos cascos, una pista de sonido con la voz en off de un locutor describe al invidente lo que sucede en pantalla.

“Bastan unos auriculares y un emisor de radio frecuencia como los de traducción simultánea”, explica Belén Ruiz, directora técnica de CESyA (Centro Español de Subtitulado y Audiodescripción), que estima en unos dos mil euros el audiodescribir una película. Sin embargo, se lamenta Ruiz, “sigue siendo un terreno casi inexplorado”. Cine para ciegos

Mileuristas, de 2008, lo explora. Su director, Ángel García Crespo, decidió adaptarla para sordos y deficientes visuales después de trabajar en CESyA. “No me había planteado que mucha gente no podía disfrutar de mis iniciativas culturales“, explica García, “«así que la subtitulé e hice la audiodescripción. Quería hacerlo yo: me parece responsabilidad del autor”. 

Realizadores, actores, distribuidores o productores reconocieron “no saber nada del asunto” en una mesa redonda en el Festival de San Sebastián. Para popularizarlo, CESyA ha firmado acuerdos con instituciones como Egeda (Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales) o la Academia del Cine, queretransmitió con subtítulos para sordos los últimos premios Goya y está a punto de comprometerse a que la elegida mejor película, Camino, sea accesible.

Los expertos confían en que se apoye económicamente a las producciones que sean accesibles.

Antonio Vázquez miembro de Aristia, trabaja desde hace más de quince años en audiodescripción. Critica que muchas veces se asimile con el subtitulado para sordos y cuenta que en 1993, cuando la audiodescripción llegó a España a través de la ONCE, tuvo que adaptarse al gusto de los afiliados.

“El ciego quiere que le digas lo que está ocurriendo”, explica Vázquez, “y el sistema implantado en EE UU cuenta la película y pisa diálogos y sonidos. Un ciego no quiere que le expliques la película, sino que le aportes los datos que precisa para entenderla“. Para él, la mejor audiodescripción se practica en nuestro país y en Alemania.

Dónde ver cine accesible

Aunque pocas, en España hay sesiones de ‘cine accesible’. El madrileño ciclo La mirada que integra ofrece anualmente películas audiodescritas y subtituladas, además de lengua de signos para presentaciones y mesas redondas o programas de mano en braille.Cine para ciegos

José Luis Fernández Iglesias, periodista experto en discapacidades, es su organizador. Decidió ponerlo en marcha “porque había festivales con una temática de discapacidad, proyecciones subtituladas para sordos o salas para personas con limitaciones físicas, pero no un festival que aunara todos los elementos de la accesibilidad”, explica. También, y desde hace un lustro, el Festival de Cine de Pamplona proyecta películas adaptadas con periodicidad mensual, y el proyecto Cine Accesible de la Fundación Orange y Navarra de Cine proyectó, durante 2008, seis películas de estreno en once ciudades españolas.

¿Qué hace falta para que la audiodescripción se popularice? Belén Ruiz habla de “obligatoriedad legal”. Vázquez, entre otras medidas, confía en que se apoye económicamente a las producciones que sean accesibles. Para García e Iglesias, es el propio mercado el que debe terminar estimulando esta práctica.

“No me gusta el concepto de gasto social”, explica Iglesias, “porque ayudar a los discapacitados no es perder dinero. ¿Que es caro? Es el mismo mensaje que para el dueño de un hotel o un restaurante: facilita que vaya más gente y verás cómo crece el número de clientes”.

Subtitulado: la oreja en el ojo

Las personas con discapacidad auditiva también disfrutan del cine. Lo más habitual es recurrir a la versión original, pero piden un subtitulado especial que les permita no perder detalles. Dicho subtitulado incluye textos coloreados para distinguir a qué personaje corresponde cada diálogo y una explicación de ruidos, gritos o la banda sonora.

Aunque lo más frecuente es que dichos textos se proyecten sobre la película, ya existen gafas especiales en las que se reproduce el texto, evitando así que tengan que verlo los demás espectadores.

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    • Néstor Flores Hernández
    • 10/02/09

    Luego ponemos una pantallita digital para las letras y ya tenemos radio para los sordos…

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