¡Divórciate del coche!

CARLOS FRESNEDA desde WASHINGTON

10 de diciembre.- Acabo de ser testigo de un pequeño accidente en el centro de Washington. El coche, un aparatoso Ford Escape, venía toda pastilla por Florida Avenue y derrapó cuando el conductor pisó el freno para no saltarse un semáforo. El mastodonte motorizado se fue a estrellar contra una papelera. El conductor se bajó desairado, comprobó los daños en la parte delantera del parachoques y volvió a subirse a su ‘tanque’ como si nada.

El suceso me pareció una patética metáfora de lo que está ocurriendo estos días con la industria automovilística. Los Tres Grandes –Ford, General Motors y Chrysler- se han dedicado a construir en las últimas dos décadas pura chatarra sobre ruedas. Lo único que importaba era el tamaño -más grande, por favor, más grande- para satisfacer el delirio colectivo y contribuir al naufragio del sueño americano.

En los años noventa tuvieron la ocasión de adelantarse a los tiempos, pero una mano negra -manchada del petróleo- certificó el asesinato prematuro del coche eléctrico. El coche eficiente, limpio y futurista pasó a la historia por decisión de los mismos ejecutivos que ahora piden dinero y perdón por sus malos humos. El mayor engendro de todos ha sido sin duda el monstruosoHummer, la declaración de guerra al medio ambiente de General Motors, fabricado a la medida de los matones de Blackwater.

En Detroit, ciudad decrépita donde las haya, los Tres Grandes han purgado estos días sus pecados llevando a los altares al Ford Escape, al Chevy Tahoe y al Chrysler Aspen. El obispo Charles Ellis le ha pedido al Altísimimo que bendiga los coches y tenga piedad con la industria, sobre todo con los trabajadores (víctimas de los delirios de grandeza de los directivos). Si el viejo Henry Ford levantara cabeza, no tardaría tirarles a todos de las orejas y preguntarles por qué no siguieron la fórmula milagrosa de los japoneses: coches más eficientes, menos contaminantes, más sensatos.

El obispo Charles Ellis oficia una misa por la salvación del sector. (REUTERS)
El obispo Charles Ellis oficia una misa por la salvación del sector. (REUTERS)

El coche ha sido sin duda uno de los inventos más prodigiosos del hombre, pero su uso y abuso nos ha llevado a esta encrucijada. En Estados Unidos, el número de automóviles supera desde hace tiempo al de conductores. Los todoterrenos toman al asalto las ciudades, mientras el transporte público te lleva a ninguna parte. Y en los suburbios, las McMansiones hipotecadas languidecen con sus garajes para dos o tres 4×4.

No, no nos basta con ‘reinventar’ el automóvil, tal y como sugiere Jeremy Rifkin. Hay que ir aún más lejos y replantearnos nuestra relación con la máquina, siguiendo los consejos de Katie Alvord en ‘Divórciate del coche’… “Nuestro romance, que empezó con gran entusiasmo hace cien años, ha llegado a un punto crítico por culpa de la contaminación, el ruido, la congestión, los accidentes, la dispersión urbana y el alto coste sobre el medio ambiente. Para muchos, dejar el coche o minimizar su uso está siendo la mejor de las terapias“.

Otro libro que indaga en la dramática ruptura entre los americanos y su perpetuo objeto de deseo es ‘Nación de Asfalto’. “El coche, con su promesa de libertad y movilidad, ha terminado por condicionar el modo en que vivimos”, escribe la autora, Jane Holtz Kay. “El siervo se ha convertido en tirano y las ciudades se han construido durante décadas a su medida. Lo que necesitamos ahora es racionalizar su uso y volver a un mundo de movilidad humana”.

El futuro, al menos en las ciudades, está sin duda en la bicicleta, en el transporte público o en las flotas de coches híbridos y compartidos como zipcar. Los conductores particulares lo tendrán cada vez más crudo para circular a sus anchas en las ciudades. Llegará un día en que miraremos atrás y nos parecerá increíble que toda esa jauría motorizada fuera quemando alegremente petróleo por nuestras calles.

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  1. Mi parecer es, que hasta que no se termine el desarrollo, se mundialice y se imponga el uso de vehículos eléctricos; se culturice el transporte de bicicleta en el camino corto; y hasta que no se optimice y se garantice seguridad al pasajero en el transporte público para los largos caminos; entonces, al igual que las mujeres, esto seguirá siendo “UN MAL NECESARIO”.

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