Primeros Signos De Deflación En Estados Unidos

Entendiendo la deflación como una caída mantenida de los precios por un periodo prolongado en una economía, se debe decir que aún estamos lejos de enfrentar una situación de estas a nivel mundial. Sin embargo, en los Estados Unidos, país que generó la actual crisis y que es el más afectado por la misma, un par de indicadores están empezando a alarmar a sus autoridades monetarias por la posible entrada a una proceso deflacionario.

El pánico comenzó porque en octubre se presentó la caída de precios más importante en esa economía, desde la Segunda Guerra Mundial. Al día de hoy, la posibilidad de que se llegue a un escenario deflacionario es muy remota, sin embargo la disminución en el valor de los bienes y servicios del mes pasado aceleran las posibilidades de que la situación deflacionaria se presente.

Según el Departamento del Trabajo de los Estados Unidos, en publicaciones que cita The Wall Street Journal, “el índice de precios al consumidor descendió casi un punto porcentual en octubre respecto al mes anterior, tras mantenerse estable en septiembre y anotar una baja de 0,1% en agosto”. A pesar de que el indicador es preocupante, dado que lo anterior no es normal, la verdad es que la razón principal de la caída de la inflación se dio por un descenso en el consumo de la energía. Lo anterior es una buena noticia, dado que el consumo de la energía es una variable muy dinámica, y en una época de recesión lo es aún más.

Por otro lado, a pesar de que la energía fue la principal causa de la disminución de los precios, no es la única. Los arriendos, el vestuario, los computadores y los vehículos tuvieron su contribución en la baja de los precios. Importante es hacer la anotación sobre lo que dice la inflación subyacente, la que no tiene en cuenta los precios de la energía y los alimentos, dado que esta muestra una caída del 0.1%, la primera vez que algo así sucede en más de 20 años. 

El precio de la inflación subyacente es muy importante, puesto que es tal vez el indicador más preoponderante a la hora de determinar si una economía se encuentra en unos profundos procesos deflacionarios. Los Estados Unidos se vieron amenazados a principios de la década del 2.000 por un proceso deflacionario, sin embargo una estudio de la inflación subyacente de esa época demostró que la amenaza era muy lejana y que no había razones para entrar en pánico. Tal y como se esperaba, la situación no paso a mayores. Hoy en día, como se dijo anteriormente, la situación es diferente.

Ahora, para contextualizar la situación, hay que decir que aún se está distante de caer en un proceso deflacionario de largo alcance. Sin embargo, el problema es que a pesar de la distancia que se guarda, desde hace más de 50 años no habíamos estado en una situación tan cercana a la misma, y en los últimos meses la situación parece acelerarse cada vez más y más.

Frente a lo anterior, lo que queda esperar es que el gobierno demócrata aplique novedosas políticas de estimulo fiscal, y que las ya implementadas hasta ahora den sus frutos en el transcurso del siguiente año. En un anuncio oportuno de la FED, ésta revisó a la baja sus expectativas de crecimiento para el próximo año, y una de las causas para esto son las amenazas de la deflación.

Gracias a esta nueva apreciación sobre el futuro económico se espera que la FED actué con más recortes de la tasa de interés, a pesar de que actualmente la misma se encuentra en el 1%, pero que además tenga otros estímulos a la demanda además de este incentivo. Frente a esto, es de decir que Bernanke dio una idea de cómo podría actuar en ese sentido, si le hacemos caso a alguno de los discursos mencionados antes de hacerse a la cabeza de la FED.

Uno de los más interesantes puntos que mencionó el hoy afamado y respetado economista, hace referencia a la posibilidad de que la FED preste directamente a las empresas del sector real. De esa manera los préstamos serían mucho más baratos y tentadores para los conglomerados económicos, lo que podría generar un realce de todo el aparato productivo del país. Otra de las más atractivas medidas es rebajar la tasa de interés en los préstamos a largo plazo, lo que tendría un efecto muy importante en los préstamos más grandes, como son los hipotecarios.

A pesar de que las medidas tomadas hasta ahora son las acertadas y las que dicta la teoría económica, estoy totalmente de acuerdo con el vicepresidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Donald L Khon, cuando dice que “debemos ser muy agresivos a la hora de combatir la amenaza de la deflación“, con tal de evitar caer en un proceso parecido al que vivió Japón en los años noventas.

El asunto radica en que para evitar caer en la deflación lo que la economía necesita es que se genera un afán consumista por parte de los ciudadanos, que lleven a que haya más inversión por parte de las empresas, y más empleo y así el aparato productivo se revitalice. En ese sentido, me parece que los más de 40 millones de ciudadanos de los Estados Unidos son la perfecta oportunidad para que la economía y las empresas se mejoren.

Teniendo en cuenta que 40 millones de ciudadanos con necesidades básicas insatisfechas, en términos económicos significan muchos bienes y servicios para consumir, el gobierno federal debería hacer un esfuerzo para que estas personas pudieran adquirir todos esos bienes y servicios que tanta faltan les hace, y de esa manera generar un inmenso consumo en la economía nacional. Al darles vivienda, vestido, hogar y alimentación a este inmenso número de personas, que por otro lado no hacen parte de la economía formal y a las que la rebaja en la tasa de interés no les afecta para nada, las empresas encontrarían un número mucho mayor de nuevos clientes, y la economía tendría los consumidores que tanta falta les hace en estos momentos.

En vez de gastar billones en regalárselo a las empresas, se debería dar ese dinero a los ciudadanos más necesitados, quienes consumirían de manera desenfrenada y gastarían ese capital en las empresas del país, fortaleciéndolas y revitalizando toda la economía. De esta manera, el dinero no se quedaría en los conglomerados más importantes, sino que serviría para ayudar a los más pobres, y al mismo tiempo a las empresas más importantes para el país.

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