Infidelidad: dolor y desconfianza

Muchas veces creemos que las parejas, así como inician, se van a mantener. Sin embargo, tal como el ser humano va cambiando a través de la vida, la pareja también va pasando por etapas. Lo sano sería tratar de crecer más o menos juntos. Cuando se presenta una infidelidad, es importante analizar qué está pasando en la pareja en esa etapa, porque por lo regular ocurre en momentos de cambios, en momentos críticos o cuando hay cosas que no se han podido resolver. Todo eso nos da mucho miedo a todos y preferimos no verlo, pero las infidelidades o algún otro tipo de crisis de pareja nos está indicando claramente que hay que revisar qué es lo que sucede.

La crisis no siempre es sinónimo de ruptura, y la prueba más contundente de ello es que muchos hombres y mujeres logran superarlas. Lo fundamental es el deseo de hacerse bien estando juntos.

Los motivos que ponen en peligro la continuidad de una pareja pueden ser casi infinitos, sin embargo, hay algunos factores que son más recurrentes: problemas económicos, conflictos con la familia de origen de uno de los dos, fantasmas en torno a la infidelidad, crisis con el o la ex y frustración por no haber podido transformar la personalidad del compañero/a. Este último desencadenante es digno de un capítulo aparte, pues una relación que se inicia sin que el hombre y la mujer que la integran se acepten tal cual son, no tiene un buen pronóstico.

Superar conflictos de pareja

La terapia de pareja es una de las soluciones posibles para remontar de una crisis, aunque también es una buena alternativa cuando la separación es un hecho y se desea mantener una relación civilizada tras la ruptura. Señalar este aspecto no es un despropósito ni un golpe bajo para desilusionar a quienes no están pasando un buen momento, simplemente es un aspecto de la realidad que no debe ser ignorado cuando hay hijos de por medio, pues transformarlos a ellos en botín de guerra es uno de los errores más frecuentes y repudiables.

Si bien el abanico de propuestas terapéuticas es muy amplio, la mayoría de los especialistas se inclinan por tratar el tema en forma focalizada optando por una terapia breve que oscila entre las 10 o 12 sesiones. También existen profesionales que alternan las terapia individual con la de pareja con el fin de detectar cuáles son los conflictos personales que repercuten en la problemática de la relación.

En todo caso, el enfrentar la situación juntos y conversar ayuda mucho. Para lograr esa comunicación, es bueno considerar algunos consejos:

• Hablar en lugares neutrales, como en un café, eso evita los exabruptos que traban el entendimiento.

• Realizar un nuevo trato de pareja en el que se elimine todo aquello que los llevó a la crisis.

• Los cambios individuales provocan crisis en la pareja, dar a conocer los motivos de sus transformaciones facilita la comprensión mutua.

• Pasar un fin de semana a solas, inclusive sin hijos, facilita el diálogo.

• No poner a los hijos como botín de guerra ante las discusiones es fundamental.

• Si inician una terapia de pareja, debe ser con la convicción que la misma no funciona si como pareja no trabajan para ello.

Confesar una infidelidad

Sin duda decirle a tu pareja no es sencillo y hacerlo es, después de todo, una decisión personal. Claro que a la hora de evaluar los pro y los contra para decidirse a dar este paso, es inevitable que aparezca el miedo a no ser perdonada.

Estas son, justamente, las razones por las cuales la mayoría prefiere atesorar el secreto y convivir, en la mayoría de los casos, con la culpa por haber engañado a la persona que los ama. Pero sin lugar a duda, quien llegó a esta situación y se enfrenta a esta problemática está lejos de ser una víctima, pues quien ha decidido ser infiel ha tenido la posibilidad de elegir y, por lo tanto, es responsable de sus actos.

Cada uno sabrá cuales son los atenuantes a tener en cuenta en su caso particular y probablemente estos sean determinantes a la hora de decidir o no abrir un diálogo maduro con su pareja para hablar de lo sucedido. Lo cierto es que, muchas veces, optar por el silencio resulta más nocivo que correr los riegos que trae la verdad, pues sostener una mentira requiere de una gran energía y no todos están preparados para vivir con esta pesada carga.

Hay que sopesar la importancia de hacer una declaración como ésta. Es evidente que el adulterio es el resultado de un problema latente en la pareja. Si te interesa salvarla, puedes optar por una conversación de confianza entre los dos y así intentar crear nuevas bases.

De todas maneras, debes tratar el tema con prudencia, ya que a veces las reacciones pueden ser imprevisibles e incluso violentas. Plantéatelo bien antes de tomar una decisión así. A pesar de todo, no debes olvidar que es mejor que la pareja se base en la sinceridad, el respeto y la confianza.

Perdonar

Cuando somos nosotras las engañadas, la pregunta es: perdonar o no. En la mayoría de los casos, una comunicación abierta con tu compañero te proveerá la solución más efectiva. No caigas en la trampa de callarte los problemas y no conversarlos, podría ser el comienzo del fin de la relación, haya o no ruptura.

Ante la duda de la infidelidad, el primer paso es hablar serenamente con tu pareja y tratar de averiguar si existen razones para estar preocupada. La mujer que resulta ser engañada, en la mayoría de los casos, se siente tan herida e impotente que es incapaz de razonar. Pero, luego de la rabia, deben ponerse en una balanza los pros y los contras de mantener o no la relación.

Otro factor importante es la actitud de la pareja: si lo admite, si se muestra arrepentido, si pone todo su empeño en enmendar la situación.
A la hora de enfrentarse a la infidelidad no hay reglas escritas, ni manuales de conducta, ni medicamentos para evitar el dolor. Es difícil y duele, pero hay que afrontarla con serenidad.

Hay que entender que todos tenemos autoestima y cuando estas situaciones ocurren, parte de ella se daña. Luego de una infidelidad queda inseguridad en la relación, así que vale la pena retomar el tema y no seguir adelante si no hay mucho diálogo tranquilo entre ambos.

A lo largo del tiempo, los rencores y las penas nos van ensuciando la mente, quitándonos la posibilidad de disfrutar de las pequeñas cosas. El perdón es la mejor herramienta para limpiarnos de viejas historias que no nos dejan ser libres y felices. Cargamos todos los días con episodios del pasado que aún nos duelen y nos lastiman.

Mucha gente desea perdonar pero no sabe cómo. El primer paso habrá que darlo en el campo de lo personal, perdonándose errores cometidos a lo largo de la vida, teniendo en cuenta que muchos se cometieron simplemente por ignorancia. Después de trabajar con uno mismo habrá que intentar hacerlo con los demás, comenzando por la niñez, etapa en la cual comienza el rencor. Todos los enojos comienzan en el mismo momento de nacer, en el cual el bebé es agredido por luces, palmadas, pinchazos; el llanto del recién nacido es su primera manifestación de rabia.

Muchos adultos que tienen dificultades para bailar, hacer el amor, expresarse con su cuerpo, son personas que durante su infancia han sido constantemente avergonzados por padres, abuelos o maestros. Por lo que hay que tener en cuenta que la base de todo este proceso es la de perdonar, antes que a nadie, a los padres por aquellas injusticias que pudieron haber cometido, la mayoría de las veces por ignorancia. Hay que pensar que ellos también fueron víctimas de sus propios padres y de una educación quizás demasiado rígida.

En todos los casos, el intento de perdonar es transformador, ya que es doloroso ver situaciones y sentimientos que durante años han estado muy guardados y que enferman. Pero realmente vale la pena aprender a perdonar, volver a confiar y recomenzar un camino más limpio. Esto no significa, de ninguna manera, que perdonemos reiteradamente una misma situación que nos daña, sabiendo que se repetirá y que nos pasa a llevar. Lo importante es poner límites claros y procurar nuestro bienestar a corto, mediano y largo plazo.

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